JAPON, entre la tradición y la modernidad

 

Japón es un país en el que conviven tradición y modernidad de forma entrelazada y natural. Cuna de los primeros robots antropomorfos y de las pantallas a todo color, pero también  de la cocinera milenaria y la ceremonia del té. En sus calles confluyen personas vistiendo un yukata( kimono) junto a otras con extensiones de colores flúor, maquillaje fantasía y ropa con luces led; un contraste que para un extraño puede resultar llamativo.







 

Japón es diferente en muchos aspectos. Es un país difícil de definir pues cuando pensamos en él se nos vienen a la mente templos y construcciones de antaño, típicas y tradicionales. Pero a la vez,destaca por sus ciudades modernas y cosmpolitas como no hay en el mundo. Si hay algo en lo que no se ha perdido la tradición es en la forma de elaborar la comida. Hay lugares de comida rápida, cierto, pero estos no son los más frecuentados por japoneses.





 

Japón es la monarquía continua más antigua del mundo. Según el mito, Jimmu Tennō, literalmente “guerrero divino”, descendiente de la diosa del sol Amaterasu, asumió el trono como primer emperador, 27 siglos atrás. Los historiadores dudan de su real existencia, así que la fecha fundacional del imperio permanecerá desconocida.

Se considera a Kinmei Tennō (539-571) el primer emperador histórico. Y su familia, representada por una flor de crisantemo de 16 pétalos, ha reinado en el país por más de 1.500 años. Conocido como Tennou Tanjyobi, el Día del Emperador celebra el natalicio del actual monarca, Naruhito, nacido el 23 de febrero de 1960. Considerado símbolo del Estado y de la unidad del país, aunque sin poder político efectivo, es costumbre que ese día, acompañado por la emperatriz y el resto de la familia imperial, aparezca tres veces por la ventana del ala este de su palacio en Tokio, para dar la bienvenida a la multitud congregada, sosteniendo banderas japonesas y dando gritos de banzai (es como un viva).

Japón es la monarquía continua más antigua del mundo. A mediados del siglo XIX, el emperador Meiji transformó a Japón en una potencia, pero el costo social fue enorme.





Esta ceremonia es un buen ejemplo de cómo Japón busca articular tradición y modernidad, un ideal que impulsa a su sociedad. Un proceso en el que surgen diversos malentendidos, por cierto.

 

 Según advierte Kazuyuki Hanagata, profesor del Departamento de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad de Shizuoka, en Japón, el primero de ellos es la confusión entre asociar “modernidad” a la ciencia y a la tecnología, o a la occidentalización del país asiático. “Si pensamos en la primera, sí podría decir que Japón ha sabido articular tradición y modernidad. La reacción de los japoneses frente al COVID-19, por ejemplo, fue ejemplar: aquí se vendieron muchos talismanes sintoístas o budistas para defenderse de la enfermedad pero, al mismo tiempo, todos aceptaron el uso de mascarillas y de la vacuna. En Japón la gente cree que la ciencia y la tecnología son bases de la vida de este mundo natural, y deja las creencias religiosas al mundo interior, más espiritual. Y no intenta articular ambos. Aceptar sus diferentes valores sin intentar resolverlos en uno es el secreto de esta articulación exitosa”, explica Hanagata.





 

Como señala Larry López, docente de la Universidad de Yamagata, Japón es un país sujeto a severos fenómenos naturales, desde tifones hasta inundaciones, además de terremotos, tsunamis o erupción de volcanes. Esta característica, según el especialista, ha forjado a través de los siglos una relación de respeto, aceptación y adaptación entre el japonés y su medio ambiente.





El desarrollo tecnológico y la búsqueda del bienestar económico en la sociedad japonesa nunca ha dejado de lado la armonía que el ciudadano mantiene con su medio. Este sentimiento es transmitido de generación a generación, a través de programas educativos muy bien estructurados. Esto ayuda a que se legislen leyes que protejan y busquen obtener un beneficio económico del medio ambiente pero sin perjudicarlo y que estas mismas sean respetadas al pie de la letra. Japón es un ejemplo de que hay metas alcanzables y que la mejor meta cuando son inalcanzables es la adaptación”, añade.

 

Para Daisy Saravia, escritora experta en literatura china, japonesa y coreana, si Japón resulta un ejemplo de conjugación de tradición y modernidad se debe a la formulación de estrategias que le han permitido adaptarse a la occidentalización, desde el período Meiji a la actualidad. “Un aspecto clave es entender este proceso como parte de una armonía, es decir, pensar que la tradición y la modernidad pueden coexistir sin alteraciones. La sociedad japonesa, sobre todo desde el siglo XX, ha funcionado bajo la lógica de ser una cultura de la armonía”, señala la docente sanmarquina.










 


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